A simple vista

el

              A simple vista, el mar nos ofrece una imagen de paz, alegría y tranquilidad. Esa es la razón por la que diariamente millones de personas alrededor de todo el mundo se dirigen a tal lugar para surfear, bucear, nadar, o simplemente observar. Tan solo sentándonos en la arena para mirar como las olas se suceden y el sol o la luna se reflejan en el agua… tan solo sumergiéndonos en el mar para sentir el tacto de su líquido por todo el cuerpo y mecernos al son de las ligeras oleadas… somos capaces de sentir la plenitud de la vida, inspirar hondo y relajarnos para no perdernos ni un instante de esa paz y esa felicidad.

             No obstante, si avanzáramos mar adentro, si nos dirigiéramos a la mar profunda que se aleja de las ciudades, los pueblos y los comercios, seríamos capaces de contemplar una faceta totalmente distinta del mar, la faceta de las sombras. El agua que compone esa parte del mar no acoge a surfistas ni a bañistas, a parejas enamoradas ni a familias felices… esa agua acoge a depredadores y a víctimas, a corrientes ocultas y a tiburones que rondan su profundidad en busca de su próximo alimento, de su próxima presa; acechando y matando, hasta que un día ellos mismos se conviertan en víctimas.

            Si nos paramos a observar a las personas, sin embargo, seremos conscientes de que sufren un proceso similar, solo que a la inversa. A simple vista, nos encontraremos con algunos seres sociables y alegres, pacíficos  y amigables; seres que quieren proyectar la imagen de una vitalidad y una tranquilidad que anime al resto de la sociedad a confiar en ellos. No obstante, si les siguiéramos a su casa, si fuéramos capaces de adentrarnos en sus pensamientos y en sus recuerdos, en esa realidad paralela que tanto se afanan en esconder… veríamos el lado oscuro del mar. Esa faceta dolorosa y destructora de algunas personas que suele permanecer en las tinieblas.

            En este caso no nos estamos refiriendo a depredadores en busca de alimentación, si no a víctimas en busca de resarcimiento.

            Adentrémonos pues en la mente de una persona que en su juventud fue maltratada: de un hombre que de niño soportaba diariamente las palizas de su padre; de una mujer que de pequeña aprendió que este mundo está lleno de odio, y que se combate con más odio y violencia; o de un varón que desde muy temprana edad le enseñaron que las mujeres son seres débiles que merecen ser apaleados, violados, insultados.

          En esos corazones germinó el odio. Al asomarse al mundo exterior vieron que sus compañeros de escuela o de juegos se comportaban de manera diferente, que conversaban y actuaban amigablemente… y aprendieron a camuflar sus verdaderos pensamientos en falsas sonrisas y calculadas palabras. No obstante, cuando las puertas de su casa se cierran, el hombre herido pega a su hijo, la mujer con odio maltrata a sus compañeras o allegados, y el varón machista apalea a su mujer.

       No nos estamos refiriendo pues, a tiburones; si no a antiguas víctimas que se sumergieron demasiado en las sombras de la vida, en las sombras del mar. En seres heridos que acechan el mundo en busca de su próxima presa, no por necesidad, si no por venganza.

          Así que la próxima vez que decidas bañarte, la próxima vez que mires a los ojos a un desconocido; no te quedes con las palabras superficiales, con las falsas sonrisas ni con el leve oleaje. Observa y ten cautela. Porque si por error te sumerges demasiado en el mar, si te involucras demasiado en la vida de un depredador… tú podrías ser la próxima víctima.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s