Me pregunto

el

En el fondo de un bar un hombre está sentado con su portátil… escribiendo… y reflexionando.

                En la barra del mismo bar, otro hombre consume su cerveza con pesar, con desasosiego… pensando en el sentido de la vida, en las miserias de la vida… mientras el barman pasa un trapo en el espacio de la barra que queda a su lado, intentando limpiar la porquería y la suciedad que otros dejaron antes que él.

                En ese bar suena una canción antigua, cantada en busca de un sentido a su existencia, en busca de un consuelo inexistente, por un compositor estadounidense.

                Fuera de ese bar es noche cerrada; fuera de ese bar y a lo largo de todo el mundo, millares de vidas se crean y se destruyen, se disfrutan y se sufren… Las calles fuera de ese bar están llenas de personas que dicen desear un mundo mejor, de personas que se lamentan al ver las desgracias en los telediarios, y de personas que cierran la pestaña del periódico en sus tabletas y Smartphones, creyéndose demasiado sensibles como para ser testigos de las masacres que atosigan al resto de la sociedad.

                Y yo me pregunto…  cuántas de esas personas han emprendido un proyecto a lo largo de sus vidas (de las dimensiones y del carácter que sea)… y han presenciado cómo sus sueños y sus esperanzas se desvanecían para que una serpiente disfrazada de ser humano pudiera enriquecer su bolsillo o su ego.

                Yo me pregunto… cuántas de esas personas han sufrido la carencia de afecto alguno, e intentan llenar un vacío interior inmenso e insoportable a través de interminables experiencias sexuales; cada vez con distintos desconocidos; cada vez con distintas posturas y prácticas… pero siempre con el mismo resultado.

                ¿Por qué no? También me pregunto por otras almas que vagan por el mundo en soledad, rodeándose de “amigos” que jamás le querrán, por miedo o por incapacidad a enfrentarse a la dura realidad. O por las otras personas que se encierran en sí mismas, y se sienten incapaces de comunicarse o desenvolverse con el resto de seres humanos, por el terror que sienten a ser destruidas. O por las otras almas solitarias que llegan a un punto en que no ven otra salida que huir de este mundo, que escapar y dejar atrás todo el sufrimiento que les ha acompañado siempre… con la esperanza de que el próximo sea mejor.

                Me pregunto también, con especial tristeza, por qué lágrimas saladas recorren las mejillas de un niño a causa de sus padres, que se supone que son los seres que más han de amarlos y protegerlos. Por qué cada día mueren millones de niños y niñas, de mujeres y hombres, de animales y humanos, a causa de una guerra, o de un asesino, o de un maltratador…

                Por qué, que alguien me explique por qué, los soldados se entrenan durante años, con la mentalidad de estar protegiendo a su gente, para dirigirse a esas guerras a masacrar ciudades, pueblos y aldeas; a desatar el dolor y el sufrimiento; a separar familias que se quieren; a matar gente que el único pecado que han cometido en sus vidas es el de nacer en un país determinado, con unas características determinadas, en un momento determinado.

                Pero sobre todo, me pregunto por qué los que podemos cambiar este mundo, los que nos denominamos a nosotros mismos como habitantes de un país primer-mundista, pensamos que la desgracia se encuentra lejana a nosotros y nos giramos para no ver la angustia ajena. Concediéndole tan solo un breve pensamiento; un intenso, aunque sucinto e inútil debate… para luego seguir con nuestras vidas privilegiadas. Sí, privilegiadas, pero en las que las mujeres no pueden salir de noche (e incluso de día sufren asaltos), en las que los seres humanos desconfiamos y maleamos, en las que la crueldad gratuita se respira en cada rincón del mundo.

                Las monjas pegan e insultan, los curas violan, los padres y esposos maltratan, y los soldados asesinan a inocentes… quienes deben protegernos nos agreden, y nosotros bajamos la cabeza y respondemos con más odio y resentimiento, poblando las calles con gente temerosa de ser apuñalada o violada; de ciudadanos desconfiados que se agreden, manipulan y traicionan entre sí; de seres humanos que en vez de proteger a los demás humanos y animales, sencillamente por su condición de seres vivos, los destruyen y los aniquilan, tan solo por no pertenecer a su misma nación, a su misma religión, a su misma condición…

 

Mientras tanto, en el fondo de un bar un hombre está sentado con su portátil… escribiendo y reflexionando… llorando por un planeta que muere consumido por el odio y la indiferencia.

 

 

Historia inspirada a partir de : I wonder – Sixto Rodriguez

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s