Las sombras de la noche

La calle está vacía. Mónica observa desde la ventana de su despacho la silenciosa acera, que ella deberá ocupar en cinco minutos… y un escalofrío le recorre la espalda. ¿Acaso sería tan desfavorable quedarse esa noche a dormir en la oficina? Nunca le ha atraído la idea de salir de casa a partir de las once de la noche, cuando la calle tan solo está poblada por borrachos, ladrones y violadores; pero esta vez se le ha hecho tarde.

¡Maldita sea! Tuvo que terminar el informe para el inflexible de su jefe, y ahora… mira el reloj y se le dilatan las pupilas.

Las 23:15 de la noche.

Con un leve gemido de disgusto se plantea sus opciones, pero cualquier posibilidad de tumbarse sobre la alfombra y descansar allí, se diluye cuando el guarda del edificio aparece en el quicio de la puerta.

-Señorita, ¿le queda mucho por terminar? No me puedo ir hasta asegurarme de que las oficinas están vacías… y me gustaría volver a casa.

Mónica observa su expresión de cansancio y suspira apesadumbrada. Resignada, le hace un gesto negativo con la cabeza y, tras coger su bolso y su gabardina, sale de la habitación. Ambos se despiden con un leve movimiento de cabeza y una sonrisa significativa.

“Bueno, ya estoy en las fauces de la oscuridad . No puede ser tan malo, Sara vuelve cada noche a su casa andando y a día de hoy sigue viva…”

Con este pensamiento positivo en mente, cruza la calle y comienza a tararear su canción favorita, con el fin de distraerse un poco y alejar los temores.

“Because this is thriller, thriller night…”

Un gato se mueve, y agita consigo una hojarasca que había a su izquierda, pero ella se ha prometido mantenerse firme y serena, así que prosigue con su homenaje al rey del pop.

“Darkness falls across the land. The midnight hour is close at hand…”

Mónica interrumpe brevemente su canturreo para felicitarse por su idea tan efectiva… hasta que un coche arranca detrás suyo. Entonces empieza a interiorizar la letra de la canción, y unas gotas de sudor comienzan a recorrerle la frente y las palmas de las manos.

El vehículo prosigue hacia su destino sin detenerse para raptarla o atropellarla, pero por el camino ilumina la acera de enfrente, dejándola percatarse de una pareja de mediana edad que hace el amor contra un portal.

“Venga ya… ¿en serio?”

Asombrada, aparta la mirada, pero ya no se siente con valor de volver a pensar en su canción predilecta, así que ahora centra toda su atención en los sonidos y sombras que la rodean. Al pasar al lado del parque de la ciudad, el viento sacude las hojas de los árboles y sus propios temores. Al aproximarse a la siguiente calle, pasa delante de un bar nocturno, desde cuyo interior sobresalen risotadas ebrias y comentarios calientes…

Inmersa en un diálogo interno sobre la extraña obsesión que tiene la población con el sexo, Mónica se sobresalta cuando otro gato cae sigilosamente a su lado y emite un siniestro maullido, mirándola fijamente.

“Va a ser que es verdad que los animales huelen el miedo… Hablando de sexo, ni Liam Hemsworth sin camiseta es capaz de dilatarme tanto las pupilas.”

Levemente distraída por este pensamiento, y tras su altercado con el felino, decide apretar el paso y no mirar más que al frente, de modo que consigue llegar al bloque de su apartamento sin mayores sobresaltos, aunque con las manos temblando.

A las 23: 45, Mónica abre el portal del edificio. Un adormilado vecino le saluda, con una bolsa de basura en la mano,  pero ella se encuentra de espaldas a él,  así que para estupefacción del hombre, responde con un leve saltito y una carrera hacia el ascensor.

Sube hasta su planta mordiéndose el labio, y tras entrar y cerrar con llave, suelta un interminable suspiro y se deja caer contra la puerta.

“Decididamente, la próxima  vez se va a quedar a terminar el informe su santa esposa. Yo no estoy hecha para la incertidumbre de la noche…”

Relajándose de camino al dormitorio, y tras quitarse la chaqueta, la camisa y la falda, se arroja en su cama. Total, es verano y hace demasiado calor como para dormir con pijama; ya se duchará mañana.

Cierra los ojos  y piensa en lo urgentemente que necesita un sueño terapéutico, mientras, efectivamente, se va quedando dormida.

Pero espera… ¿Ese sonido que oye… no es una respiración? Mónica se gira lentamente, con el terror instalado en cada músculo de su cuerpo y la imaginación desatada.

Y se encuentra con unos ojos verdes.

Atemorizada, grita despavorida; pero sus vecinos duermen profundamente, y parece que nadie puede oír sus gritos y súplicas.

 Tan solo se oyen sus respiraciones, el viento contra la ventana y una voz ronca y profunda que murmura:

-Hola, ¿qué tal el día?.-

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ¡Hola!
    ¡Qué buen relato! me ha dejado con los pelos de punta, la verdad es que me identifico, a mi tampoco me gusta salir tan tarde si estoy sola también me pongo a tararear cuando estoy nerviosa xD.
    ¡UN beso, nos quedamos por aquí y estaremos pendiente a las demás publicaciones! ^^
    Cristina

    Le gusta a 1 persona

    1. maiteekhine dice:

      ¡Hola chicas!

      Jajajaja, ¡me alegro mucho de que os haya gustado! La verdad es que da un poco de yuyu estar en la calle de noche, sin saber lo que se esconde en las sombras :(.

      ¡Me alegro de teneros por aquí, espero que os sintáis identificadas con más relatos ;)! Esta tarde me volveré a pasar por vuestro blog, que me gustó mucho, y os dejaré algún comentario.

      Pasad una buena tarde. ¡Besos!

      Me gusta

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