La hoja caída

Verde, marrón y dorado. Parece ser que éstos son los colores del otoño, que invaden los árboles, los escaparates y las vestimentas, para que todo el mundo tenga claro que las vacaciones se acabaron, dando paso a los cafés exprés, las jornadas laborales y las lluvias renovadas.

Hoy no llueve, pero una hoja caída, verde, marrón y dorada, tiembla en mi mano. Puede que me tenga miedo, que tema cuál será su destino tras haberse visto forzada a abandonar el árbol. O simplemente puede que tenga frío, y se sienta complacida de encontrar algo de calor entre mis dedos.

Perdone”. Una molesta voz descentra mis pensamientos de los de la hoja. Una señora mayor, de unos 70 años, se ha quedado parada enfrente de mí, encogida dentro de su abrigo, y mirándome a los ojos como si esperase que yo le diera la respuesta al por qué de la existencia. “¿Puede decirme la hora, por favor?”. Pero resulta que no puedo; yo solo quiero estar en este banco, tranquilo, observando el devenir de la gente, el viento y las ramas; sin que nadie me interrumpa con sus aburridas banalidades.

Aferrando mi mano libre al extremo del banco, le dirijo a la señora la mirada que he aprendido que incomoda y espanta a las personas. La única que sé poner últimamente: la de desequilibrado. Como era de esperar, la expresión le cambia instantáneamente; ya no me mira esperanzada, sino asustada, como si esperase que de un momento a otro me levantara y le agrediera. “Perdone”, repite, mientras empieza a encaminarse rápidamente hacia su destino, sin molestarse en disimular su espanto.

Bien. Por fin puedo volver a centrar mi atención en la temblorosa hoja, intentando meterme en su mente para salir de la mía. Nadie desea oír la mente de un pirado.

Si antes dudaba entre el frío y el miedo, ahora queda claro que la verde, marrón y dorada hoja me mira con auténtico pavor. “No me mates, déjame ir, por favor”, parece decir. Lo mismo que dijo mi hijo antes de morir.


Sentado en la calle sin hacer nada un lunes por la mañana, parece fácil olvidarse de que hace apenas cinco años yo era un empleado ejemplar y un devoto marido. Parece fácil olvidarse de que era padre. Pero no lo es.

 

Cuando tu mujer se dedica a la abogacía, y termina convirtiéndose en una temida y reconocida abogada, te acostumbras a encontrarte enemigos rencorosos por todas partes. Y ruedas pinchadas. Y cartas amenazantes. Pero nada te prepara para lo que ocurrió.

Un día cualquiera, al volver tarde del trabajo, me encontré a una exultante esposa con la televisión encendida en el canal de los informativos. En cuanto me dirigí a ella para darle un beso, me conminó a que mirase a la pantalla. “He ganado”, me dijo, “el jurado le ha declarado no culpable”. Al parecer, un hombre había encontrado en su oficina el cadáver de su hijo. Él aseguraba que se lo había llevado al trabajo para que aprendiera un poco de vida real, y que cuando cerró la puerta de su despacho para ir en busca de un café y un refresco, su niño todavía estaba con vida. A pesar de que algunas pruebas apuntaban a que él era el único posible homicida, mi mujer las desmanteló todas para el jurado, recalcando la falta objetiva de un móvil para tal atrocidad. Y la madre del niño, que había declarado en contra del acusado, tuvo que huir del país.

Ella no paraba de repetirme las jugadas tan maestrales y la concienzuda investigación que tuvo que llevar a cabo para ganar el caso. Y yo nunca le pregunté si su cliente verdaderamente era inocente; pues con el tiempo, había aprendido a no hacerlo. Pero hubo alguien que sí se lo preguntó.

 

Tres meses después, fui al colegio a buscar a mi propio hijo, pero nadie le encontraba en ningún lado. Tanto los profesores como sus amigos afirmaban que se había ido a casa a media mañana, alegando un terrible dolor de cabeza. Asustado, llamé a mi mujer a casa para asegurarme de que nuestro hijo no se encontraba allí; y ante su ferviente negativa, denuncié su desaparición a la policía. No obstante, su búsqueda fue inútil; las pistas para seguir su rastro escaseaban, y las posibilidades de encontrarlo con vida eran cada vez menores.

Una semana más tarde, mi demacrada y desesperanzada esposa entró en la cocina con el correo. Una de las cartas pesaba más de lo normal, y con una aterradora sensación premonitoria la abrimos. De su interior cayó una grabación, y tras reproducirla pudimos ser testigos de cómo nuestro hijo moría apuñalado. El grito que soltó mi mujer fue inhumano, como si un animal salvaje se estuviera quemando vivo. Yo ni siquiera podía moverme.

Al día siguiente nos llegó otra correspondencia con una sola nota: “ahora sabrás cómo te destroza el alma el perder a un hijo”. Los agentes enseguida sospecharon de la madre huida. Pero resultó que el mes anterior se había tirado de un puente, ante la perspectiva de una nueva vida invadida por el temor y el dolor.

Una semana después, mi mujer tuvo el mismo destino. Y tras interminables años colaborando con la policía, intentando identificar a la figura encapuchada que le había asesinado, la investigación por la muerte de mi hijo se congeló, y fue clasificada como “caso sin resolver”.


 

Desde entonces, me he vuelto alcohólico y depresivo, y he perdido mi trabajo y mi dinero. Ahora malvivo en un cochambroso motel, manteniéndome tan solo con la caridad de mis padres. Todas las mañanas me dirijo al parque y centro mi mirada en alguien o algo, imaginándome cómo será su vida, sus pensamientos, sus dolores y placeres.

Hoy le ha tocado a la hoja miedosa, cuyos pedazos ahora descansan a mis pies.

Mientras, espero a que ocurra algo que cambie mis días; a que una nueva pista se personifique ante mi mirada, a que un nuevo sospechoso se presente de la nada. Porque sé que ocurrirá. Y si no, como siempre le decía a mi querido Jack: si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña.

seres-de-sombra

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. cataclysthic dice:

    ¡¡Hola!!

    Woooh, me encanta el diseño del blog. Creo que es el más elegante que he visto de todos los wordprees.

    Soy Mavy, del blog La librería del caos y vengo de Granitos de arena. ¡ SE BIENVENIDA A LA GRAN FAMILIA!!
    Mi cuenta de WordPress no la uso, así que no busques ningún blog en esta, porque únicamente tengo la cuenta para poder seguiros a los wordpress y echaros una manita siendo un seguidor más 🙂 Pero la vida la hago en blogspot ^^

    un beso!

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    1. maiteekhine dice:

      ¡Buenos días!
      Muchísimas gracias por tu opinión y por la bienvenida; me alegra mucho que te haya gustado mi blog 😉 ❤ .
      Luego, en u momentito me paso por tu cuenta de blogspot.
      ¡Un beso!

      Me gusta

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