¿Podrías decirme quién soy, muñequito de nieve?

La nieve cubre el cristal de mi ventana. Es más, creo que, si le echo aliento, podría crear un bonito muñeco de nieve con la punta del dedo. Dicho y hecho, ahora un sonriente ocho, vestido con gorro y bufanda, me observa.

¿Qué parecer tendrá sobre mí? Cuando me miro en el espejo, yo no veo gran cosa; una chica más con preguntas en la mirada y cansancio en los gestos. Una chica más que trata de sobrevivir al día a día. Sinceramente, es una costumbre que intento evitar en la medida de lo posible -mirarme al espejo, me refiero- puesto que, por experiencia, sé que el resultado me decepcionará incondicionalmente. Sin embargo, el muñeco no parece sentirse irritado, entristecido ni apenado por la imagen que recibe; él se limita a mirarme sonrientemente, puede que con la esperanza de que haga acopio de mi buena educación y le devuelva la sonrisa.

No obstante, me he hecho una promesa a mí misma: no voy a volver a sonreír por compromiso, no voy a fingir ser alguien, ni sentir algo que no siento, simplemente para aliviar la inquietud de mi conversador. Con el tiempo, me he terminado dando cuenta de que la gente sólo busca felicidad a su alrededor -aunque ésta no sea más que una triste mentira-, incluso cuando te preguntan por tu estado anímico, te están exigiendo -implícitamente- que les respondas positivamente. No importa si tú estás preocupado o preocupada porque no te ves capaz de entregar a tiempo un trabajo universitario, porque no crees que valgas para cumplir las expectativas de tu jefe o porque no estás segur@ de quién quieres ser en la vida. Cada vez que te pregunten qué tal estás, tú has de formar una sonrisa con tus labios y responder: no me podía ir mejor.

Pues bien, muñequito de nieve, tú vas a ser testigo de mi primer propósito para este año venidero: no voy a seguir interpretando papeles. Jamás descubriré quién quiero ser, ni quién soy ahora mismo, si me esmero por satisfacer los deseos de los demás, olvidándome de que en mi interior también late un corazón.

Soy consciente de que tú no tienes corazón, es más, puedo distinguir mis huellas dactilares en tu bufanda, pero si tuvieras que preguntarte para qué has venido a este mundo, ¿cuál sería tu respuesta?

El otro día estaba en el salón, colocando en el árbol las bolas de navidad, y mi hermanita pequeña me ayudaba. En un momento dado se giró hacia mí y me preguntó: si pudieras pedir cualquier cosa, si fuéramos ricos y las hadas existiesen, si para crear algo tan solo tuvieras que imaginártelo ¿qué pedirías por Navidad? No supe que responderle. O rectifico, no quise responderle la verdad: mi mayor deseo es descubrir quién he nacido para ser. Santa Claus existe para llenar de sueños nuestros inviernos; la chimenea existe para calentarnos mientras nos contamos historias imposibles, sentados en el sillón, retando a nuestra mente a descubrir un nuevo mundo imaginario; incluso tú, muñeco de nieve, has aparecido en mi cristal para hacerme compañía mientras cavilo. ¿Pero las personas para qué existimos? Nacemos, estudiamos, trabajamos y nos jubilamos. En algún momento durante esas etapas reímos, lloramos, nos enamoramos y nos casamos. Hasta el inevitable día en el que desaparezcamos. ¿Pero qué se supone que me hará sentir viva mientras tanto? ¿Qué me hará sentir especial y diferente? ¿Acaso he nacido para curar el cáncer, para ilustrar los muros, o para dar vida a personajes literarios? Podrías decirme, muñequito de nieve, cómo sabré cuándo estoy dando lo mejor de mí misma, cuándo podré sentirme despreocupadamente colmada y eufórica.

Todos los años, los días previos a Año Nuevo, me siento frente a la ventana, contemplo cómo caen los copos de nieve, amontonándose con sus antecesores, y me quedo cavilando sobre los pasados doce meses. El año pasado me preguntaba por la conveniencia de renovar mis relaciones amistosas, el anterior me sentía feliz de cerrar una etapa, pero estaba indecisa sobre la carrera universitaria que más feliz me haría. Este año, muñequito de nieve, he abandonado los copos blancos por ti; de momento me siento satisfecha con mi grado en Artes, y también he hecho nuevas amistades que me valoran más que las anteriores. Puede que el año que viene, cuando nos volvamos a ver, ya haya descubierto quién soy. Puede que te devuelva la sonrisa y te pregunte con quién me casaré.

 

Resultado de imagen de muñeco de nieve

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Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. nusansu90 dice:

    Me ha encantado tu relato. Tiene un aire inocente y melancólico, pero con un toque optimista al final.
    Te sigo y sigo leyendo 😉 .
    http://www.nusansu.es

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    1. maiteekhine dice:

      ¡Hola!

      Muchas gracias, me alegro mucho de que te haya gustado 🙂 . De hecho la intención era que evocara la melancolía que embarga a algunas personas en la época de Navidad, cuando nos ponemos a pensar en nuestra vida.

      Encantada de tenerte por aquí ❤ .

      Le gusta a 1 persona

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