Post desde el más allá

¿Alguna vez has pensado en qué se esconde tras las redes? ¿Nunca te has cuestionado con quién estás chateando en realidad? Tras cada palabra y cada letra que compartes con un internauta, siempre oscila una sombra; la sombra de la incertidumbre, de quien sabe que al otro lado de la pantalla se puede encontrar la persona que esperan, o bien se puede esconder su peor pesadilla.

Lamentablemente, mi caso fue el segundo.

Hace un año me metí en un foro buscando ayuda para un proyecto del trabajo. Se suponía que los mayores amantes de la informática se encontraban en ese foro, y eso era precisamente lo que yo necesitaba; a un friki de la red. Él me resolvió las dudas con rapidez, y hasta se ofreció a asesorarme hasta que finalizase el proyecto. Me pareció tan majo, tan desinteresado… que cuando empezó a preguntarme cosas más personales, sobre mi vida, no dude en profundizar mi relación con él. Y así fue como con el tiempo fuimos conociéndonos mutuamente mejor que incluso nuestros familiares… o al menos en mi caso. A los cinco meses, cuando me propuso encontrarnos en un café, yo me moría de ganas de ponerle cara, de poder mirar y tocar a esa persona que tan importante se había convertido en mi vida. Así que no dudé ni un segundo en desplazarme 50 km para verle; y cuando se me estropeó el coche la víspera, lo dejé en el taller y me compré enseguida un billete de tren.

¿Curioso, verdad, cómo a veces simplemente haciendo caso a las señales podemos evitar una tragedia? Yo no la evité, así de ansiosa como estaba por llevar nuestra relación al siguiente nivel. Y cuando le vi, cuando nos saludamos y nos montamos en su coche, y me llevó a su casa con la excusa de estar más tranquilos… ya no pude evitar que me atara, me golpeara y me humillara. Hasta entonces pensé que ese hombre sería ‘mi hombre’, que me cambiaría la vida.

Ahora… ahora simplemente estoy muerta.

Ya nadie me puede salvar a mí, pero con este mensaje quiero prevenirte a ti. Te recomiendo que nunca dejes de ser lo suficientemente precavida; cada vez que un desconocido te envíe un mensaje, o que un transeúnte te sonría en la calle… recuerda, puede que un monstruo se esconda tras esa sonrisa… tras esas letras.

Post premiado en Kultur Dealers 2018.

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