¿Vivo en un filme de Woody Allen?

El olor a una mezcla de especias, sudor humano y madera quemada se deslizaba por sus fosas nasales, al tiempo que su cuerpo se sacudía levemente por el frío invernal.

Mientras ella contemplaba el jardín nevado, y lleno de luces y decoración navideña, sus familiares aguardaban el gran día en el salón. Riendo despreocupados y charlando animados, comiendo manjares y bebiendo vino.

Por un momento pensó en sus padres. Ese había sido un año duro para ellos. Entre el despido de él y la insatisfacción de ella, las risas y muestras de amor no habían hecho suficiente presencia en su hogar. Sin embargo, ahí estaban, mirándose el uno al otro, con los ojos brillantes por la alegría y el alcohol, como si los doce meses anteriores se hubieran desvanecido.

 

De pronto, eso le recuerda a una noche, hace dos semanas, en que su madre estaba pelando zanahorias para la cena. Ella, reflexiva por un filme que acababa de ver,  se acercó y le preguntó: mamá, si tu vida fuera una película, ¿de qué género sería?

Ella le devolvió la mirada, con los ojos cansados de un largo día, y le respondió: no lo sé, hija, es demasiado deprimente para la comedia, y demasiado aburrida para el drama.

Esa contestación le hizo sentir inquieta respecto a lo que le esperaba cuando creciera. Y más tarde, tumbada en la cama, se quedó mirando el techo en la oscuridad, reflexionando sobre su propia vida.

Le asombró enormemente el que tampoco fuera capaz de situarla en ningún género. No les había ido muy bien, cierto, pero estaban todos sanos y vivos, así que no le parecía justo calificarla como drama. Los chicos eran un universo lejano y desconocido para ella, con que ni hablar de la romántica. Y no había tenido momentos demasiado intensos, puesto que la comedia, acción, aventura o thriller tampoco le servían.

¿Qué le quedaba entonces? ¿Estaba su familia destinada a vivir dentro de un filme de Woody Allen, en el que todo el mundo sigue la misteriosa rueda de la vida, pero nunca llega más que a rozar brevemente la felicidad? ¿En la que los momentos y los días se suceden unos a otros, hasta que el calendario te anuncia que ha pasado otro año de tu vida sin que nada relevante haya ocurrido?

Con un suspiro, antes de quedarse dormida, se giró sobre el colchón y pensó: ¿entonces qué celebramos el 25 de diciembre?

De repente, su hermana pequeña le sacó bruscamente de sus desesperanzados pensamientos. Con una amplia y sincera sonrisa, le saltó sobre las piernas y le abrazó. Era 24, acababa de volver a ver a sus primos, y su padre le había preparado su comida favorita, mientras su madre le vestía. Eso era suficiente para ella. Eso le hacía feliz.

Mimosa, la hermana mayor sonrió y le devolvió el abrazo. Quizás la Navidad consista en eso. En pausar la película para tomarse un descanso. Reunirse con la familia, y, durante dos días, disfrutar de los pequeños detalles, mientras consideras si realmente te interesa el filme que estás viviendo, o si ha llegado el momento de cambiarlo.

Quizás no sea tarde para ella. Ni para sus padres.

Porque quizás el año que viene tu vida se convierta en una comedia romántica. O en una erótico-romántica, eso ya es decisión tuya.

 

 

He inspirado este relato navideño en la palabra “película“, que  fue la que me tocó en la iniciativa dirigida por El Diario de Yuuki. Por si os apetece descubrir el resto de artículos, os dejo con un enlace hacia su blog. ¡Feliz Navidad ❤ ! Os deseo que el próximo año seáis felices y os descubráis a vosotr@s mism@s.

 

 

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